El minero y la minería o la tradición de la resistencia [esta semana en la directa]

Ilustración y Viñeta, La Directa

El minero y la minería o la tradición de la resistencia

El actual conflicto minero, desatado a finales del mes de mayo ante el anuncio (sorpresivo) por parte del actual gobierno de la cancelación de las «ayudas (de Europa) al sector» —incumpliendo así el pacto con los sindicatos—, ha abierto, para sorpresa del ejecutivo reaccionario del PP, un problema que puede ser no se apague con la simple rectificación. La virulencia y la decisión con que ha comenzado la huelga no se explicarían sin dos factores que en Asturias definen al movimiento obrero:
la herencia y la tradición de resistencia.

Antecedentes

Puede decirse que la cultura que pervive en las memorias, aquella «forjada al rojo» que diría Sartre, se genera en momentos de turbulencias, de shock políticosocial. Ahí está la guerra de España, con su «No pasarán» —que pudimos leer en perfecto castellano en los muros de la Acrópolis días antes de las (más) recientes elecciones griegas—, su cancionero de guerra o su Guernika de Picasso, para comprobarlo. La cultura minera no ha dejado de generar símbolos que aún hoy perviven en la memoria histórica de Asturias.
La región, en la que otrora predominara el sector secundario, pasa hoy por ser la segunda más pobre del Estado, pero no puede sin embargo ser entendida sin la instauración del fenómeno de la industrialización, que determinó la aparición de un nuevo sujeto histórico que en Asturias (hasta entonces ganadera, poco poblada y esencialmente rural sin núcleos urbanos de entidad) iba no sólo a cambiar su fisionomía sino a perfilar todo su devenir histórico. Las cuencas hulleras son la columna

vertebral del proceso. Entender pues, esto, resulta indispensable.
El minero es, casi por definición, el obrero explotado. Jornales míseros en jornadas interminables bajo las peores condiciones tanto de seguridad como de salubridad (desde 1939, pueden contarse más de 600 muertos que presumiblemente podrían aumentar exponencialmente de no haber sido destruidos los archivos anteriores a la guerra) perfilaron a lo largo de la Restauración el carácter duro de un espectro de los trabajadores particularmente combativo. Visitar el Museo de la Minería y
la Industria (El Entrego, Asturias), entrar adentro de un pozo minero y contemplar a través de fotografías la mirada dura e intempestiva de aquellos mineros de finales de siglo XIX, dejan entrever ese carácter esculpido en las entrañas de la tierra. Sirva como ilustración de ese arraigado carácter proletario, el caso del cuarto mayor centro urbano de la provincia, Mieres, que, situado en plena cuenca minera, elegirá en 1911 alprimer alcalde socialista de España, Manuel Llaneza.

Las condiciones materiales inherentes a este tipo de trabajos, generan una gran cohesión interna en esos colectivos. «Compañeru, dame tira», es una expresión que se emplea para solicitar «mampostas» con las que asegurar la galería en la que extraer el carbón, pero es también —en coloquial minero— una consigna solidaria.1917 y la gran revolución en Rusia tendrán un fuerte y pronto impacto en Asturias. Sin embargo, será 1934 el año que marcará el gran hito del movimiento obrero asturiano, configurando la esencia de su leyenda. En un momento de amenaza tangible de fascismo en España, Asturias protagonizará la que iba a ser la última toma armada del poder (Oviedo) por parte de la clase obrera. La revolución de octubre asturiana ha inspirado a lo largo del tiempo toda una iconografíay una variada cultura que se expresa en términos de clase. Fue en aquel entonces que se configuraron las siglas UHP (Unión de Hermanos Proletarios) * y Pedro Garfias (Salamanca 1901-Monterrey 1967), de la generación del 27, compondría un hermoso poema («Asturias»). La dura represión que siguió, con

más de 30 mil presos políticos, amén de los muertos en combate, todavía hoy ejemplificados en la mártir Aida de la Fuente, configurará el punto primero del programa unitario del Frente Popular (la «Amnistía») menos de dos años después.
El final de la guerra tras la caída de Gijón, último bastión republicano del frente del norte (21/10/1937), trajo consigo una durísima represión y una de las más intensas actividades guerrilleras del país, que fue focalizada (principalmente) en el entorno de las cuencas mineras. El genocidio franquista retardó el resurgir del conflicto social en España cuyo primer brote, una vez más, surgió  en Asturias con las huelgas de 1957, 1958 y 1959. Higinio Canga, comunista preso en la cárcel de

Carabanchel, escribió entonces «Asturias vela sus armas/alerta al alba y despierta/soñando con otros tiempos/que no conocen ausencias./(…)/Asturias no está dormida/mirad si no a sus mineros/hijos de la noche negra/alzando su voz en grito/que escucha España entera…». Su importancia, no obstante, reside en el honor de haber sido las que precedieron a las siguientes.

El resurgir del movimiento obrero en España

… [más en La Directa de esta semana]

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