Le Brun y la expresión del alma

Arte

El trabajo de Charle Le Brun (París, 24 de febrero de 1619 – ídem, 22 de febrero de 1690) estudió las variaciones del rostro mudo de pasión, con el objetivo de ofrecer al pintor una muestra de todas las actitudes humanas que pueden expresar el trazo, determinado racionalmente por el estudio de las pasiones.

Afirmaba Le Brun que la síntesis trágica del artista es obtenida con el recurso poético de la expresión, concepto esencial del pensamiento estético clásico del retrato expuesto. Sin embargo, el trabajo de Le Brun que se fundamenta en la lectura del Tratado de Las Pasiones del alma” de René Descartes entiende que la transcripción gráfica y expresiva de la esencia de las pasiones del alma se hace posible gracias a un estudio racional de las mismas.

Descartes escribió en su Tratado de 1659:

La naturaleza no solamente dió al hombre la voz y la lengua, para ser los interpretes de sus pensamientos; sino que en la desconfianza que tuvo de que pudiese de que pudiese abusar de ello, aún hizo hablar su frente y sus ojos para desmentirlas cuando no fuesen fieles. En una palabra, ella muestra toda su alma al exterior

La tarea de controlar las pasiones se hace imposible si previamente no se explica cuál es su naturaleza. Por consiguiente los argumentos que los filósofos han dado para controlar las pasiones están estrechamente vinculados con las concepciones particulares que han elaborado para explicar la presencia de las pasiones en la naturaleza humana.

En términos intuitivos una emoción es un proceso psicológico complejo que se manifiesta espontáneamente en la conciencia, sin que haya existido previamente un esfuerzo consciente que la provoque; que aparece como una respuesta positiva o negativa que tiene habitualmente una manifestación perceptible en el organismo y que está relacionada con los pensamientos, los sentimientos y las ideas que las personas tienen sobre la situación en la que se encuentran.

Para Descartes existe una distinción clara entre acciones y pasiones. Las primeras dependen de la voluntad, las segundas del cuerpo y son involuntarias. Pasiones son los sentimientos, las emociones y las percepciones ligadas al cuerpo. La razón tiene que gobernar y dirigir las pasiones; es decir Descartes propone sobretodo una racionalización de los sentimientos humanos. Según él estas presionan al alma en sentidos contrapuestos, empujándola muchas veces a decisiones erróneas. Ante ellas, el ser humano tiene que guiarse por la razón y la experiencia, manteniéndose así dueño de su propia voluntad. Ese dominio de sí es ejercido mediante la prudencia.

Es a partir de Descartes que aparece el pensamiento moderno, al desplazarse el criterio de certeza del objeto pensado al sujeto pensante, será la subjetividad humana, entendida como razón, el fundamento y modelo de toda certeza, de todo conocimiento; la verdad, ya no se hallará inicialmente, en la naturaleza o en Dios, sino en la razón humana, y de esta se deducirá la existencia, tanto de Dios como del Mundo.

Las actuales investigaciones sobre las emociones orientan un renovado interés epistemológico por la formación del concepto de mímica y por la formación de una teoría de la expresión, dentro de ésta tienen especial relevancia los estudios psicológicos y de marketing actuales. Y a través de la elucidación de las correlaciones entre músculos expresivos y las mímicas inventa la función de expresión.

La anatomía de las pasiones se inscribe en la historia de nuestra modernidad. Los términos afecto y pasión son conceptos paneuropeos que definen la dimensión afectuosa, la expresión exterior (gestual) del dominio pasional y sentimental interior, que ya en el temprano racionalismo del siglo XVII. Todo ello con el objeto fundamental —de ahí su importancia como eje de un sentido global de la representación o performatividad— de elevar la comunicación hasta el grado de la empatía, con el objetivo de mover los afectos de otro —lector, público teatral, oyente  o espectador del drama operístico—. Pero para entender el entramado de la multitud de códigos que impulsó esta teoría de los afectos interiores (traducidos siempre en una respuesta biomecánica gestual, de actitud o movimiento o, como se dijo para la pintura, en la viveza con que se representa las acciones de las figuras del lienzo) hay que remontarse más allá del Barroco o del Renacimiento.

Influenciados por las teorias de la expresión del alma humana a raiz del texto de Descartes y la interpretación en el tratado pictórico de Le Brun es en gran medida toda nuestra sociedad actual y muy especialmente trabajos como el del fotografo  Bill Viola o escultores como Richard Stipl.

Le Brun

Richard Stipl

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